|

Foto: Jose Luis González "La incertidumbre impide dar solidez a los proyectos" Riesgo en las venas y mochila a las espaldas no son más que dos pinceladas para entender cómo ha sido la vida del bailarín y coreógrafo Roberto Torres. Fuente: www.laopinion.es
ANTONIO JIMÉNEZ PAZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE Nacido en Santa Cruz de Tenerife en 1962, decidió en 1981 cambiar sus estudios de Veterinaria en Córdoba por los de Arte Dramático en Barcelona. Ya desde muy joven la danza contemporánea se fue apoderando de su cuerpo y los viajes a distintos países del mundo convirtiéndose en experiencias intransferibles: "participar en intercambios, ir a otros países a ver danzas distintas con otros planteamientos, te abre la mente". Por eso y por más, desde el año 2000 Roberto Torres compagina la docencia, la coreografía y su formación como actor y bailarín con la dirección del Teatro Victoria, Centro de Artes Escénicas que gracias a su iniciativa privada pasó de edificio en ruinas a emblemático foco cultural en una ciudad como la de Santa Cruz de Tenerife, capital de toda una provincia por más señas, donde cada solar es visto como una oportunidad para levantar mil viviendas.
-No sé hasta qué punto los modos de vida de los bailarines son comunes, pero sí que viajar es una de sus constantes… ¿Se aprende mucho viajando?
-El viaje hacia fuera es también un viaje hacia dentro. Me ha ayudado a descubrir quién soy, a entender que yo soy tal como reacciono ante lo que veo y siento. Viajar me ha hecho entender que mi verdad no existía, y que Canarias no es el lugar más bonito, ni el mejor ni el peor, me ayudó a descubrir la diferencia y a darme cuenta de que todos estamos en el mismo barco… Pero muchas veces el hecho de viajar lo que me produce es un malestar interior, porque descubro las desigualdades en oportunidades que el otro, el que está en su lugar de origen, no las tiene como yo. Así que cuando hablo de mi espíritu viajero, de que me encanta viajar con una mochila y solo, tengo en cuenta que es un privilegio que me da pertenecer a una cultura occidental que me permite conocer el mundo sin tener que coger una patera ni tener que dejar una familia atrás…
-¿Puede continuar hablando del tema poniendo algún ejemplo?
-Visitar África, por ejemplo, ha sido entender el fenómeno de las pateras, entender lo que conlleva arriesgar la vida, entender a un pueblo del cual hablamos muchas veces sin conocimientos adecuados. El juicio sobre lo que conozco tiene un valor, pero el prejuicio del ignorante es un gran peligro… Una vez un africano al que le dije "me voy a la civilización" él me preguntó "¿a qué civilización te vas?". Con esto quiero señalar que estamos acostumbrados a atribuirnos sin razones que nosotros somos la civilización… Antes viajaba más para conocer, ahora para compartir. Esto me ha aliviado el peso del viaje cuando voy a actuar o a impartir un taller, porque ahí siento que algo de mí se queda, que coopero en algo.
-¿Cómo vieron sus padres su decisión por dedicarse a la danza y al teatro?
-Creo que a todos los padres les hace ilusión que sus hijos tengan algún talento artístico, pero en muchos casos no implica que su hijo, en mi caso, cuente con el apoyo de sus padres cuando decide que quiere dedicarse a esto. También es lógico cuando por parte de ellos gran parte de sus miedos se deben a qué futuro nos puede esperar en el Arte, un mundo tan arriesgado y falto de estabilidad… En mi caso concreto yo bailaba y hacía teatro desde joven, pero estudiaba al mismo tiempo veterinaria en Córdoba.
-¿Dónde residió, entonces, el problema?
-Recuerdo cuando mis padres me fueron a ver actuar en Córdoba, cuando hacía teatro universitario; estaban orgullosos de ver que lo hacía bien, pero ellos asumían esto como una anécdota y que lo importante era mi carrera universitaria. ¿Que dónde residió el problema?
Todavía recuerdo la decepción de ellos cuando les dije que dejaba la carrera y que me iba a estudiar danza y teatro a Barcelona… Sentir la decepción de tus padres no es bueno, mucho menos su sensación de fracaso. Pero entenderlos y aceptar que no están obligados a ayudarte cuando ellos piensan que eliges lo que no es mejor para ti, creyendo que te has equivocado y alejado del camino más sensato, tampoco es fácil de asumir. A pesar de todo no pude evitarlo y asumí el riesgo por mi cuenta.
-¿No hubo manera de ser entendido en algún momento por sus padres?
-Mi madre con el tiempo se convirtió en una auténtica fan y me iba a ver actuar siempre que podía, pero a mi padre le costó mucho más aceptarlo: fue hace pocos años cuando él me hizo partícipe de que le había costado mucho aceptar mi decisión. Mi búsqueda de los premios, de los aplausos, de la prensa y del reconocimiento muchas veces fue más por ellos que por mí mismo. Todos necesitamos apoyo de los que más queremos, pero hay que tener en cuenta que unas veces te refuerza y te fortalece el no tenerlo, porque otras veces te agota y te debilita. Yo en mi caso tuve en mi madre una fan y en mi padre un prudente espectador que tuve que ganarme con los años.
-¿De dónde, cómo y por qué surge la idea de poner en pie lo que hoy conocemos como Teatro Victoria en la calle Méndez Núñez de S/C de Tenerife?
-Aunque parezca mentira no parte de mí… Yo siempre tenía la maleta o la mochila preparada andando de un lado para otro hasta recalar en Barcelona donde tenía mi trabajo a la vez que estaba vinculado a una compañía de danza formada, contándome yo, por cuatro componentes… Retorno a Tenerife en 1992 para llevar a cabo aquí un proyecto de danza avalado por una ayuda de la Generalitat, siendo mi intención realizar el espectáculo y regresar a Barcelona. Pero ese año fue el de las famosas Olimpiadas y varios factores se conjuntaron: la empresa en la que trabajaba cerró, dos de los componentes de la compañía de danza que eran mujeres se habían quedado embarazadas y mi casa fue derruida por las Olimpiadas... Un día me di cuenta de que me había quedado más tiempo del pensado y mi madre me propuso coger la casa, que siendo de patrimonio familiar, se iban a crear oficinas. Yo para nada había pensado quedarme en mi casa con mi familia a estas alturas. Mientras a mi madre se le ocurrió montar en la parte de delante una tienda al mismo tiempo me propuso cederme la parte de atrás de esa casa para que diera clases. Al final parece que la vida va en una dirección y de repente te sorprende llevándote a otro sitio distinto. La casa empezó a convertirse en un lugar de encuentro sin encontrarle explicación: de alguna manera el lugar ya invitaba al arte y al diálogo, siendo en realidad ni más ni menos que una casa cayéndose, pero que su propia decadencia la convertía en un refugio para el canto, el baile, el ensayo… Mi madre muere en 1997 y con la herencia recibida y que me correspondía me propongo acondicionar toda la casa y montar un teatro...
- ¿De dónde surge el nombre dado al Teatro? ¿"Victoria" como "Triunfo"?
- Nada que ver con eso… El nombre de Victoria es un homenaje a mi madre, que ese era su nombre. En principio barajé distintos nombres para lo que yo ya concebía como un centro de artes escénicas. Ponerle el nombre de mi madre significaba un compromiso emocional con su apoyo y cuidar su idea. Es curioso, pero de alguna manera aquí se ha juntado la idea empresarial de mi padre con la parte creativa apuntalada por mi madre. Es verdad que a mí la palabra "empresa" siempre me ha sonado fatal, porque yo no soy una persona de proyectos empresariales, funciono más por impulso y por emoción que por razonamientos. Pero, claro, a la vez no podía perder de vista el objetivo de crear un espacio y ganar dinero ayudando a personas y apoyando la danza. Total que al final el espacio ha llegado mucho más lejos de lo que yo mismo había proyectado. Tenía dos cosas claras: abrir un espacio de formación y creación así como otro de exhibición, por lo que aparte de las salas individuales para impartir las clases consideraba imprescindible un teatro para el público, crear oferta para que exista demanda.
-Rara es la empresa cultural canaria que se atreva a eso…
-¿A lo de crear oferta para que exista demanda? En Barcelona todo el mundo hubiera entendido este formato y sabría de qué estás hablando, aquí no. Ofrezco un teatro a través de iniciativa privada, recibiendo ayudas institucionales para la programación pero sólo a partir del tercer año de su puesta en marcha, inaugurado en el 2000.
-¿Cómo ha remontado el vuelo y en qué se ha convertido el Teatro Victoria?
-Hoy es el único teatro de Canarias perteneciente a la Red Nacional de Salas Alternativas, conformada por 36 salas de España repartidas por doce comunidades autonómicas. Entramos en esta red nacional en 2007, lo que nos ha permitido intercambios con otras salas y ayudas por parte del Ministerio de Cultura. Por otra parte he conseguido un convenio con el Gobierno de Canarias. El problema lo tenemos, en comparación con el resto de estas salas de toda España, en que reciben ayudas de sus ayuntamientos...
-¿Qué ocurre, que del ayuntamiento donde está situado el Teatro recibe pocas?
-¿Pocas? Yo hace tres años que no recibo ninguna del ayuntamiento… El conflicto en el que estamos ahora es que el Ministerio valora las salas y decide ayudarte dando por hecho que las instituciones más cercanas al proyecto lo apoyan también… Estuve hablando con cuatro concejales distintos en apenas unos dos años, lo cual me hace suponer que es imposible que el ayuntamiento de Santa Cruz tenga un proyecto cultural diseñado. Pero lo más grave es lo que me decían en una última reunión: "no hay dinero porque lo necesitamos para nuestras cosas", lo que a mí me hizo ver que el Teatro Victoria no formaba parte de lo que ellos entendían por "sus cosas", parte de su proyecto cultural. Es más, por los datos que me daban me di cuenta que ni siquiera sabían dónde estaba el teatro. Y el colmo fue cuando Ángela Mena me dijo literalmente que ella "no me podía mantener a mí", lo que ya rallaba en una falta de respeto.
- Pero eso es ridículo… ¿cómo que para mantenerle? ¿Qué opciones quedan?
-Hasta que este organismo no cambie de actitud no voy a seguir gastando mi tiempo. La única posibilidad que tiene esta sala ahora para mantenerse es crear convenios con otras entidades, otras empresas que la mantengan abierta y funcionando, porque ¿qué proyecto cultural de este tipo puede sostenerse si está a expensas del político de turno que lo valore o no como parte de un proyecto municipal? ¡Pero es que mi proyecto ha sido valorado a nivel nacional! Siendo así, cada vez que llega octubre no sé si tengo concedidas las ayudas de ese mismo año. Es un problema general, lo que hace que siempre estés en una situación de incertidumbre que te impide dar solidez a los proyectos. Ya en el mismo diálogo mantenido con los responsables te das cuenta de que no entienden lo que planteas, y mucho menos qué es una sala alternativa ni tampoco la intención de visitarla. ¿Por qué el representante de turno de cultura no viene al teatro estando tan cerca del mismo ayuntamiento?
-¿Y ha expuesto esta problemática ante la Red Nacional de Salas Alternativas?
-Soy el vocal de Canarias de este tipo de salas y en la última reunión cuando hablé de las ayudas que yo recibía no entendieron cómo estábamos abiertos. Esta Red acaba de recibir el premio a la programación más innovadora a nivel nacional... La propia Red está intentando que esta sala alternativa de exhibición no desaparezca, entre otras cosas porque desaparecería Canarias de su circuito nacional...
- Pero esto es surrealista, por no emplear otra palabra…
- Esto no es surrealista sino real… Cuando lo planteas al señor de turno me suelta que "eso es un riesgo que yo corrí", como si la vida cultural de esta ciudad fuera rica en ofertas y este teatro no estuviera complementando la programación de esta ciudad. Es más, lo poco que hay, siendo una capital de provincia, no es desde luego por la labor de su ayuntamiento en cultura, porque recordemos que en la actualidad sólo el Auditorio de S/C de Tenerife, que pertenece al Cabildo y no al ayuntamiento, mantiene una programación continuada como este teatro. Si eliminas nuestra programación y la del Auditorio, ¿cuál es la que quedaría?, ¿la del Teatro Guimerá, cerrado por unas reformas injustificadas? Una ciudad culturalmente rica es la que es capaz de mantener abiertos todos los espacios posibles sin dedicarse a trabajar unidireccionalmente, porque la cultura es plural. Esto es un espacio que no es comercial y por tanto de riesgo, un espacio que intenta traer lo mejor de la danza y el teatro contemporáneos al tiempo que ayudar a los nuevos talentos que pueden estar en estas islas y que aún no son visibles.
- ¿Qué es una sala alternativa de teatro y danza? ¿Sabría explicárselo a quien todavía no se ha molestado ni en buscarlo en un diccionario temático?
- Una sala alternativa como el Teatro Victoria tiene la misión de adelantarse y poder vislumbrar dónde está la nueva creatividad y ofrecerla al público, darle salida. De alguna forma intenta proteger a un colectivo que todavía es de difícil reconocimiento y que no pertenece a un lenguaje de mayorías, pero que normalmente está empeñado en abrir nuevas puertas, asunto imprescindible para que el arte no se estanque. Salas como el Teatro Victoria no son más que un escalón necesario para que estos innovadores creadores puedan subsistir antes que desaparecer. A lo largo de estos diez años de andadura más de 300 espectáculos se han presentado en el Teatro Victoria…
- Pero también el Teatro que dirige se ofrece como local de ensayo, ¿no?
-Esa es otra, tenemos una carencia de locales de ensayo, y si no existen, ¿de dónde surgen las compañías? Y sobre todo, ¿cómo se fortalecen los espectáculos? Para esto no tengo ayudas y ni siquiera las he solicitado. Nosotros cedemos el local y no les cobramos, porque es irreal que esta gente pueda pagar, y sin embargo creamos un espacio para proteger a gente con la inquietud de perseverar cuando todavía no eres reconocido. No lo hacemos con todo el mundo, por supuesto, pero hay mucha gente que, conociendo su realidad, intentamos apoyarla en la medida que podemos, y más que nada porque soy capaz de ponerme en su pellejo. ¿Cuál sería mi recompensa? Pues no otra que lo que ha ocurrido con Carmen Fumero, por ejemplo, que ahora está en la Escuela Superior de Música de Madrid y es una de las bailarinas más solicitadas por grandes compañías para sus espectáculos; o el caso de Laura Marrero, asistente de dirección de Carmen Werner; o el de Élida Dorta, que es una de las promesas de la danza de Canarias; o Teresa Lorenzo, que acaba de conseguir el tercer premio en el certamen internacional Masdanza, o la compañía Entredanza surgida en este teatro, etc. Esa es mi satisfacción y mi premio, haber colaborado para que sus sueños se llevaran a cabo. Para esto creo que nosotros somos más acertados en detectar dónde existe el talento, dónde las personas para quienes la danza es algo vital en sus vidas y a las que hay que ayudar como sea, en contra de negativas institucionales que no tienen tiempo ni información para ser conscientes de la cruda problemática del mundo de la danza…
- ¿Está preparado para escuchar algo relacionado con la crisis económica mundial la próxima vez que vaya a solicitar alguna ayuda?
-Si antes de esta crisis siempre que había algún problema económico ya se desviaba el dinero de cultura para otras áreas, ya estoy preparado para escuchar cosas del tipo "no hay dinero para cultura". Pero igual nuestras instituciones se están equivocando, porque quizá sea éste precisamente el momento cuando el ciudadano deba ser enriquecido más culturalmente. No entiendo que una crisis económica nos lleve necesariamente a una crisis cultural. Dentro de este contexto de crisis creo que el Teatro Victoria está demostrando tener una solidez para mantenerse abierto, pese a que ya están empezando a advertirme de que las ayudas igual se reducen o puedan incluso desaparecer… |